viernes, 15 de agosto de 2008

EN LA LA MUERTE DEL EXECRABLE AUGUSTO PINOCHET

 
                                                                            

El traidor Augusto Pinochet, falsario y pérfido, ha muerto sin ser condenado por sus numerosas atrocidades. Que dé las gracias a los Frey, Blair y Aznar, que no consintieron la extradición desde Inglaterra a España, solicitada por el juez Baltasar Garzón y concedida por la justicia británica.

Hasta muchos de sus entusiastas partidarios perdieron ímpetu en los bríos de defender al traidor, al comprobar las cuentas que el general poseía en los bancos noteamericanos y el oro que esconde por los rincones del Asia costera del Pacífico.

Lo bueno de todo es que el tiempo coloca a cada uno en el sitio que le corresponde. Y la figura de Pinochet va caminando paulatina y directamente hacia el suyo. Agradecidos les pueden estar sus herederos que los deja forrados de dólares y toneladas de oro.

Lo mejor que Chile, el país de más dilatada tradición democrática de toda latinoamérica, acaba de superar el túnel y el portero del túnel se ha quedado sin llaves.

Lamentable que los mismo que acá en España le besaban el culo a Franco tiren algunas chinas hacia el dictador chileno; más almentable aún que algunos nostálgicos de la casposa derecha traten de justificarlo y comenten como si nada "que en algo se pudo extralimitar, pero hay que comprenderlo..." Seguramente si fuesen familiares directos de los desaparecidos, su objetividad no sería tan complicente.

PINOCHET: DE LA TRAICIÓN AL HOYO.


Que lo sepulte la noche en sus sábanas de sombra
no me enfada ni afecta.
Menos aún que se le llenen de tufos pestilentes
las oquedades
del alma que no tiene -carece-.

Aunque la vara del juez haga piruetas
por exonerarle de culpas que le sobran
la basura de su mente hinchada por el odio
es responsable
de la macabra danza de cuerpos fallecidos
que reclaman justicia.
Por mucha cauterización que lleve
la enfermedad de su crueldad
no hay quien la borre.

¡Para echarse a temblar y con razón,
amantes de la paz y el equilibrio!
A todas partes acuden sin ser llamados
parásitos salva patrias de mierda,
generales rencorosos que confunden
los caprichos de sus estrellas
con la bonanza
de las luces del cielo.
No dan para más. Sólidamente,
les ciega la soberbia
a la vez que el cerebro les encoje,
se resquebraja y se seca
-para perla que ilustre
recuerden, por ejemplo, lo que pasó con Franco...-.

Me aparté bruscamente de su terquedad
de máquina insensible que muestra afición
por la práctica atroz
de destripar humanos.

Era el mismo que proclamó la bajeza
de su catadura moral cuando,
entre risas de sapo bigotudo y gafones de luto,
al teléfono comenta:
“Sigue en pie la propuesta
del avión para que salga;
luego haremos que rebote en el suelo
y todo queda en accidente”.
¡Menuda la ignominia de la oferta!

Salvador permaneció fiel en su sitio,
sin tentarle la ofensa.
No cayó en la telaraña
de la cobarde sabandija traidora.
Para que todos se enteren y lo entiendan:
lo hizo como los héroes, con laurel en las sienes
y el honor por montera.

Ante tanto desmán que campa soberano
presumiendo jactancia
por impagar las costas,
una voz de mudo regocijo
como una lluvia de tierra conmovida
contagia la emoción de hacernos libres.

Si es que existe el infierno tal como nos lo embutieron
las apocalípticas morales de perfil comprimido
y el deber de cumplir las penitencias,
que el general se pudra entre las llamas
de gusanos voraces.
No lloraré, ni llorarán por ello.

Sin él - ¡qué claro está! – Chile y el mundo
no se pierden gran cosa.
Verán ajardinarse zonas que antaño
fueron secano en las ruedas del tanque,
adornarse hacia la verdura pajizas barbecheras
y clamores de llanto.
Por desgracia, no están los que se fueron.
Por suerte, estamos los que somos,
para poder gozarlo.
11-12-06

Luchemos todos contra cualquier tipo de opresión y de injusticia. Contribuiremos a que en el futuro nuestros decendientes disfruten de un mundo potencialmente mejor.

José L. Sánchez Martín

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